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Obispo explica las 3 dificultades principales en la oración y cómo superarlas

by rularrondo

El Obispo de Orihuela-Alicante (España), Mons. José Ignacio Munilla, explicó cuáles son las tres dificultades principales que nos impiden hacer oración y enseñó cómo podemos combatirlas.

A través de su canal de YouTube “En ti Confío”, Mons. Munilla reflexiona y explica de forma sencilla temas contenidos en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. En esa ocasión, el Prelado comentó el número 574 del Compendio del Catecismo, que se titula: “¿Cuáles son las dificultades para la oración?”.

“La dificultad habitual para la oración es la distracción, que separa de la atención a Dios, y puede incluso descubrir aquello a lo que realmente estamos apegados. Nuestro corazón debe entonces volverse a Dios con humildad”, señala el Catecismo.

“A menudo la oración se ve dificultada por la sequedad, cuya superación permite adherirse en la fe al Señor incluso sin consuelo sensible. La acedía es una forma de pereza espiritual, debida al relajamiento de la vigilancia y al descuido de la custodia del corazón”, agrega.

Refiriéndose al texto del Catecismo, Mons. Munilla explicó cuáles son y cómo se manifiestan las tres principales dificultades o tentaciones durante la oración, y llamó a enfrentarlas con determinación y confianza en Dios.

Frente a las tres tentaciones, “el Señor nos pide responder con nuestro deseo de determinada determinación, de ser fieles a la oración como una llamada a vivir la conversión continua en nuestra vida”, dijo.

A continuación, presentamos las tres dificultades o tentaciones en la oración:

  1. La distracción:

Mons. Munilla dijo que la principal dificultad en la oración “son las distracciones” que nacen a partir de la imaginación. “Ya decía Santa Teresa de Jesús que la imaginación es ‘la loca de la casa’. Pero Santa Teresa aprendió a no darle mucha importancia”, dijo.

No obstante, dijo que el tener una imaginación bastante difícil de acallar, “no nos tiene que afectar demasiado” pensar “que ese va a ser el obstáculo principal para hacer oración”, a menos que esas distracciones oculten el desinterés. “Si hay un desinterés, si no existe una fe viva y verdadera”, esto “es signo de un corazón no plenamente convertido” y ese es otro tema, dijo.

Explicó que “una imaginación desbordante puede manifestar que tenemos apegos, pues el corazón no está suficientemente enamorado”. Por ejemplo, si “uno siempre se distrae con temas de dinero, estas distracciones tal vez están delatando que en mi corazón hay un apego al dinero”, agregó.

Mons. Munilla dijo que debemos “estar vigilantes” e identificar cuando las distracciones “delatan y dejan al descubierto dónde está el apego de nuestro corazón”; sin olvidar que también uno se distrae en cosas “que no tienen un elemento de apego”.

“Si hay apego, hay que arrancar el apego de nuestro corazón para vencer la distracción. Pero cuando mi imaginación es demasiado imparable, no hay que hacerle mucho caso”, aconsejó el Prelado, pero advirtió que no debemos “salir a cazar a la distracción”, porque esta acción en sí es una distracción que nos aparta del objetivo de rezar.

Por ejemplo, puede pasar que una mosca entra en la habitación y eso te da nervios, entonces dejas de leer tu libro, coges una escoba para cazarla, pero fallas y acabas rompiendo los cristales. En este caso, es mejor “no hacerle mucho caso” a la mosca, y solo “hacer un leve gesto” de apartar la mosca con la mano, “sin levantar los ojos de lo que estábamos haciendo”, dijo.

En estos casos, recordó seguir el refrán “el mayor desprecio es no hacer aprecio”, que significa que “a veces la mejor manera de afrontar esas distracciones es no ponernos nerviosos, ni hacerles demasiado caso”. Finalmente, animó a siempre “procurar que nuestro corazón esté vigilante y atento”, pues esto nos ayudará a “vencer las distracciones”.

  1. La sequedad:

Mons. Munilla dijo que el Catecismo identifica la “sequedad” como una segunda dificultad, “porque cuando uno está haciendo una meditación y no encuentra gusto sensible en esos pensamientos, se le hace árido, siente una sequedad que le produce la tentación de dejarlo, porque se está aburriendo, le está resultando costoso”.

Sin embargo, el Prelado recordó que precisamente cuando ocurre la sequedad “es un momento muy importante” para crecer espiritualmente. “Cuando uno es fiel en la oración, a pesar de estar pasando por un tiempo de sequedad, da un salto muy grande en la vida espiritual”, afirmó.

Al respecto, recordó las palabras de San Pablo, quien dijo: “El justo vivirá de la fe”. Explicó que el santo no dice que la persona “vivirá del sentimiento de la fe, sino que vivirá de la fe, y la fe muchas veces camina en sequedad, incluso en medio de oscuridades, pero camina y no se deja descarrilar por el hecho de vivir mayores sequedades”.

Entonces, animó a recordar que “nosotros no buscamos los consuelos de Dios”, sino que “buscamos al Dios de los consuelos, que a veces también nos prueba el corazón con momentos de desolación y de sequedad interior. Entonces, esa es una manera de educar nuestra vida”.

  1. La acedía:

Mons. Munilla dijo que la tercera dificultad es la acedía, que “es sinónimo de pereza, pero con algunos matices”. Explicó que la acedía “no es únicamente una pereza de la voluntad, sino en el fondo es una pérdida del amor primero, es un habernos apartado de ese espíritu de estar en permanente de conversión”.

“Es el descuido de la vigilancia, el haber caído en negligencias, es haber entrado en tibieza o mediocridad. Obviamente, la acedia nos termina apartando de la oración”, subrayó.

Por ello, aconsejó que la mejor forma de responder a la acedía “es volver al amor primero, y comprometerse a vivir en un permanente estado de conversión”.-

Tomado de la Publicación de «ACIPRENSA»

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