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No tienes control sobre la salvación de tus hijos

by rularrondo

(Por *David Mc Kormick).- Los padres tienen una de las responsabilidades más importantes en esta tierra: amar e instruir a la siguiente generación. La Biblia ofrece diferentes directrices pero, para una responsabilidad tan importante y trascendente, ¿por qué no hay más instrucción específica sobre la forma en que debemos cuidar a nuestros hijos?

Como muchos otros, he aprendido que mi rol como padre va mucho más allá de la provisión y protección. Vivo para instruirlos en las cosas que más importan: el evangelio, su relación con Dios y la forma que viven esta verdad con los demás. Sin embargo, aun con esta claridad que Dios nos regala, la crianza me ha llevado a enfrentarme con la realidad de que no tengo control sobre lo que mis hijos lleguen a creer.

Instruye al niño…
Hay un versículo que muchos padres cristianos abrazan y afirman sobre el futuro de sus hijos: «Instruye al niño en el camino que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él» (Pr 22:6). Esto es verdad, aunque permanece dentro de los misterios y soberanía de Dios… no es una promesa. ¿Qué pasa con todas las familias que fueron fieles en instruir a sus hijos pero ellos crecieron y tomaron malas decisiones?

El divorcio, el suicidio, la sexualidad distorsionada y la adicción afectan a los hijos de cristianos de una forma alarmante. La confianza que los padres tenían en la eficacia de su labor se derrumba ante la verdad de que sus hijos eligieron otro camino.

Si no podemos aferrarnos a la idea de que nuestros hijos están destinados a creer lo que nosotros creemos, ¿a qué nos aferramos entonces? La vida cristiana trata de darnos cuenta de qué es lo enreda nuestros corazones para entonces poder enredarnos completamente con Cristo. Muchos cristianos abrazan su rol como padre o madre a un punto que creen que Dios les ha dado más poder y control de lo que realmente tienen. Para ayudarnos, hay un principio que Jesús nos enseña sobre nuestro rol y limitaciones en la vida espiritual de nuestros hijos.

La salvación es del Señor
Contrario a lo que a muchos nos gustaría creer, el arrepentimiento nunca es fruto del esfuerzo humano, sino un acto exclusivo de Dios. Cuando una persona llega al arrepentimiento, los ángeles no se gozan por la capacidad de los seres humanos, sino por la misericordia de Dios.

Jesús nos enseñó que ninguno puede llegar a Él si el mismo Padre no lo atrae (Jn 6:44). De hecho, la palabra original que se traduce como «atraer» también puede ser traducida como «arrastrar». El Padre es el único que puede arrastrar a las personas a reconocer su maldad, creer en Cristo y así llegar a tener salvación.

A veces quisiera poder arrastrar a mis hijos a creer en Dios. Después de todo, es lo que más necesitan (y la crianza sería más sencilla). Pero doy gracias a Dios porque Él no me ha dado ese poder.

Los padres necesitamos reconocer que el único que puede atraer a nuestros hijos a Dios es Dios mismo. Nosotros podemos poner la mesa, enseñando, modelando y hablando sobre la verdad. Con todo, solo Dios tiene el poder de cambiar corazones y hacer el milagro del arrepentimiento en la vida de alguien más. No tenemos el control sobre el futuro de nuestros hijos; nuestro trabajo es ser fieles a Dios en lo que está en nuestras manos a hacer e interceder fielmente por lo que solo el Señor puede hacer.

Cuando nos damos cuenta de que no tenemos control sobre el destino espiritual de nuestros hijos, podemos descansar: lo más importante que pueda pasar en la vida espiritual de nuestros pequeños no será por nuestro buen desempeño, sino por la misericordia e intervención directa de Dios.

Cuando nuestros hijos toman malas decisiones que no reflejan la enseñanza que recibieron de nosotros, podemos orar con más pasión, pidiendo que Dios tenga misericordia y alcance sus corazones. Cuando nuestros hijos toman las mejores decisiones y entregan sus vidas y corazones a Dios, podemos testificar que no fue por nosotros. Cuando nuestros hijos glorifican a Dios con sus vidas, podemos tener gratitud por lo que el Señor ha hecho, en vez de sentir una satisfacción tóxica de que nuestro esfuerzo y buen trabajo resultó en la salvación de alguien más.

Tu labor no es en vano
Entender que Dios es el que hace el trabajo más importante en la vida espiritual de nuestros hijos no implica que seamos pasivos en el proceso. La Palabra nos enseña que somos colaboradores de Dios (1 Co 3:9); podemos criar a nuestros hijos con la convicción de que estamos contribuyendo a que el reino de Dios se expanda en nuestro mundo y comunidad, empezando bajo nuestro propio techo. No hay garantías de que nuestros hijos seguirán nuestros pasos, pero podemos descansar en que el trabajo que Dios nos llama a hacer a su lado y bajo su dirección nunca es en vano.

Si tuviéramos el control sobre el destino espiritual de nuestros hijos, ejerceríamos un poder que nos corrompería. Cuando pienso en las limitaciones que tengo, le doy gracias a Dios que la salvación de mis hijos no depende de mí, porque sería una carga cuyo peso me aplastaría.

No olvidemos ser fieles en la proclamación de la verdad, amando a nuestros hijos con humildad y sabiduría. Recordemos que el control no es un arma que podemos portar. Más bien, regresemos a nuestras rodillas para realizar nuestro trabajo más importante como padres: orar por nuestros hijos, comunicándonos libremente con el único que puede transformar corazones y atraerlos a Él.

*David McCormick es el Director Ejecutivo de la Alianza Cristiana para los Huérfanos, y padre de cuatro hijos: tres biológicos y uno del corazón. Siendo psicólogo graduado en Canadá, se ha especializado en el apego, estilos de crianza, trauma y liderazgo parental. David ha dedicado su vida a la niñez y adolescencia en estado de vulnerabilidad, trabajando para que cada uno de ellos pueda contar con una familia permanente y amorosa.

Tomado de la Publicación de «Coalición por el Evangelio»

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