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El contagioso pecado del cinismo

by rularrondo

Los cristianos manifiestan el cinismo como una colección de actitudes y expectativas negativas. Esas actitudes pueden estar dirigidas hacia nosotros mismos o hacia los demás, la iglesia, las conversiones, el progreso del evangelio, el crecimiento en santificación y aun hacia Dios mismo. Malaquías nos da un ejemplo bíblico claro: «En vano es servir a Dios. ¿Qué provecho hay en que guardemos Sus ordenanzas y en que andemos de duelo delante del Señor de los ejércitos?» (Mal 3:14). Pero el cinismo puede ser una actitud profunda del corazón o la mente, aun si no se expresa en voz alta.

El cinismo hoy (como en cualquier otro momento) contradice los tres signos vitales del cristianismo según Pablo: fe en Jesucristo, amor por todos los santos y esperanza mientras esperamos el regreso de Cristo (1 Co 13:13; 1 Ts 1:2-3; Col 1:3-6). El remedio general para el cinismo es cultivar y aumentar nuestra fe en Cristo, nuestro amor por el pueblo de Dios y nuestra firme esperanza en el regreso de Cristo. Sin embargo, junto con ese remedio general, Dios nos ha dado muchos remedios específicos.

Causas y remedios
Hay muchas causas para el cinismo cristiano contemporáneo: es un síntoma común de muchas enfermedades. Necesitamos encontrar la causa particular del cinismo de alguien antes de poder tratar la enfermedad subyacente. Debemos identificar y tratar la causa, no solo el síntoma.

Entonces, ¿cuáles son algunas de las causas comunes del cinismo y cuáles son sus remedios?

Visiones del mundo sin esperanza
El cinismo puede ser causado al adoptar visiones contemporáneas del mundo que carecen de esperanza. Aquellos que rechazan a Dios porque no les gusta su autoridad, creen que la fe contradice la ciencia o quieren ser libres para hacer lo que quieran, no solo rechazan a Dios, sino también la esperanza que solo Él puede dar. La búsqueda de significado en un universo sin sentido fracasará con toda seguridad. La búsqueda de esperanza en un universo sin esperanza fracasará con toda seguridad. La tarea es más grande que nosotros. El cinismo puede ser una forma de vida heredada de otros. ¿El remedio?

«Ustedes saben que… fueron redimidos de su vana manera de vivir heredada de sus padres… con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo» (1 Pedro 1:18-19).

Con cada causa de cinismo, aplicamos el remedio a través de una meditación continua y enfocada en pasajes particulares de las Escrituras, palabras para nosotros de Dios mismo: léelas en voz alta; escríbelas; recuerdalas; habla de ellas; conviértelas en oraciones de arrepentimiento, confianza, acción de gracias y alabanza.

Enseñanza desequilibrada
La iglesia también produce su propio cinismo. Un ejemplo es cuando enfatizamos los buenos propósitos de Dios e ignoramos la enseñanza de la Biblia sobre el pecado, el juicio y la ira de Dios. Hojeamos la Biblia en busca de palabras de ánimo y encontramos las grandes promesas de la provisión de perdón y nueva vida en su Hijo, la salvación de su pueblo, su obra de gracia en ellos por su Espíritu y la transformación de todas las cosas. Necesitamos la revelación bíblica complementaria de la constancia, ubicuidad y sutileza del pecado, de los juicios presentes y futuros de Dios y de su ira. De lo contrario, nuestro optimismo no bíblico resultará en cinismo.

De manera similar, si hojeamos la Biblia para leer sobre los éxitos y el progreso del evangelio y no leemos sobre el pecado, el fracaso, el sufrimiento, la persecución y la herejía que son característicos de los últimos días, y de la necesidad de perseverar con paciencia, es muy posible que nos convirtamos en cínicos.

¿Cuál es el remedio para estas cosas? Lee toda la Biblia, no solo las partes que te gustan. Medita en las palabras, obras y amor de Dios.

«Bienaventurado es el hombre… que en la ley del Señor está su deleite, y en Su ley medita de día y de noche» (Salmos 1:1-2).

«En todas Tus obras medito» (Salmos 143:5).

«Hemos meditado en Tu misericordia» (Salmos 48:9).

Percepciones no realistas de nosotros mismos
Somos vulnerables al cinismo cuando sobrestimamos nuestros dones, cuando pretendemos ser celebridades, cuando subestimamos la oración paciente, el esfuerzo y el sufrimiento que se requieren para el crecimiento del evangelio, y cuando carecemos de la capacidad de saber qué pasos tomar para hacer crecer una gran iglesia o ministerio. Una estimación poco realista de nosotros mismos puede causar cinismo. ¿El remedio?

«Digo a cada uno de ustedes que no piense de sí mismo más de lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno» (Romanos 12:3).

Pecado sin confesar
Somos propensos al cinismo si tenemos pecados secretos no confesados ​​en nuestra vida, si hemos dejado de dar muerte al pecado por el poder de la muerte de Jesús y de vivir una nueva vida por el poder de su resurrección y su Espíritu. El cinismo es el resultado de un pecado no confesado a largo plazo. ¿El remedio?

«Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9).

Liderazgo cargado
Es probable que nos volvamos cínicos si somos responsables de un ministerio cristiano y, por ende, tenemos que lidiar con las debilidades, el olvido y los fracasos de quienes sirven en el ministerio. Estos desalientos engendran cinismo. ¿El remedio? Confía en Cristo y perdona a los demás.

«Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella… a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria» (Efesios 5:25-27).

«Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo» (Efesios 4:32).

Abuso
Por supuesto, las personas que han sido abusadas (física, psicológica o sexualmente) pueden volverse cínicas acerca de sí mismas y de los demás con mucha facilidad, en especial si su abusador era un cristiano o un líder cristiano. Puede llevar años o décadas sanar esa herida. ¿El remedio (a muy largo plazo)?

«Soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes» (Colosenses 3:13).

Expectativas infladas
También es probable que nos volvamos cínicos si esperamos todas nuestras recompensas en esta vida y queremos encontrar la felicidad completa en este tiempo. Es probable que nos volvamos cínicos si adoptamos cualquier versión del evangelio que promete lo que no puede ofrecer: felicidad completa, sanación, prosperidad o liberación del estrés, conflicto y de la desilusión. ¿El remedio?

«Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia» (Santiago 1:2-3).

«Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame» (Lucas 9:23).

Deismo funcional
Los cristianos que son deístas funcionales (que creen que Dios creó el mundo como una máquina que funciona sin su ayuda constante) y no teístas (que creen en el constante sostenimiento providencial y soberano de Dios en el gobierno del universo y que todas las cosas se mantienen unidas en Cristo), son propensos a ser cínicos. ¿El remedio? Alaba a Dios y a Cristo con estas palabras:

«[El Hijo] es la imagen del Dios invisible… Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra… todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen… Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliar todas las cosas… habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz» (Colosenses 1:15-17, 19-20).

Mundanalidad
Nos volvemos cínicos si no ponemos toda nuestra esperanza en «la regeneración» (Mt 19:28), «una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará» (1 P 1:4); si no prestamos atención a la instrucción de poner nuestra «esperanza completamente en la gracia que se les traerá en la revelación de Jesucristo» (1 P 1:13); si no decimos: «Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia… teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor» (Fil 1:21, 23); o si no oramos: «Ven, Señor Jesús» (Ap 22:20). Si esto es cierto para nosotros, entonces estamos demasiado apegados a este mundo. Somos creyentes desorientados. ¿El remedio?

«Acumulen tesoros en el cielo… porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mateo 6:20-21).

«Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:1-2).

Fe, esperanza, amor
El cinismo es contagioso. Un cínico puede influir en otros con mucha facilidad, haciendo del cinismo el hábito de un individuo, una iglesia, una comunidad o un ministerio. Para evitar la epidemia de cinismo, necesitamos la ayuda de otros y los demás necesitan nuestra ayuda.

«Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo… Cuídense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados» (Hebreos 3:12; 12:15).

Trabajemos para aumentar nuestra fe en Jesucristo, el amor por todos los santos y la esperanza en el regreso de Cristo. Tomemos la determinación de librarnos a nosotros mismos y a los demás del cinismo destructivo, para la gloria de Dios.


*Peter Adam es vicario emérito en St. Jude’s Carlton en Melbourne, Australia, y ministra en el liderazgo de TGC Australia. Anteriormente fue vicario en St. Jude’s, luego director en el Ridley College Melbourne. Ha escrito numerosos libros, y enseña en conferencias de pastores.

Tomado de la publicación de «Coalición por el Evangelo»

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