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La teología del pacto: 3 mitos y verdades

by rularrondo

(Por *Arturo Pérez).- ¿Cómo se relaciona Dios con sus criaturas? ¿Cuáles son los tratos de Dios con su pueblo? ¿Quiénes deben ser reconocidos como «pueblo de Dios», el Israel del antiguo pacto o la iglesia del nuevo pacto? ¿Qué relación existe entre Israel y la iglesia? ¿Tiene alguna aplicación práctica para la vida del creyente indagar sobre esos temas?

¡Esas son muchas preguntas! Pero esta clase de interrogantes motivaron a muchos teólogos del pasado a intentar ofrecer una propuesta, basada en la Biblia, que describa los tratos de Dios con su pueblo a partir de su Promesa de redención en Jesucristo.

Durante el transcurso de la Reforma protestante del siglo XVI, teólogos como Zuinglio, Oecolampadius, Bucer, Bullinger, Musculus y Calvino basaron su interpretación de la Biblia en lo que ellos llamaron una «teología del pacto de Dios redimiendo a Su Pueblo».[1]

Esta teología argumenta que Dios se relaciona con su pueblo por medio de pactos que Él hace con ellos a lo largo de la historia bíblica, recordándoles su pacto y jurando consigo mismo, diciéndoles: «Yo seré Su Dios y ellos serán mi pueblo» (Jer 31:33; Heb 6:13). Dios se revela progresivamente en estos pactos, y la cúspide de ellos es el nuevo pacto que disfrutamos en Cristo y en el cual gozamos de nuestra redención hoy. Este es el plan de Dios desde la eternidad, conforme a su pacto hecho consigo mismo entre las personas de la Trinidad, para redimir a un pueblo para su gloria.

A pesar de todo lo que se ha escrito sobre la teología del pacto en más de quinientos años después de la Reforma, hoy existe mucho desconocimiento y confusión alrededor del tema. A continuación quiero aclarar los mitos más comunes al respecto y enfatizar las verdades de la teología del pacto bajo la tradición reformada.

#1: «La teología del pacto es pura teología sin aplicación práctica».


Al escuchar la expresión «teología del pacto», muchos piensan que se trata de una teoría sin ningún provecho para la vida cotidiana. Algunos podrían preguntarse: «¿De qué sirve saber esto de los tratos de Dios con su pueblo cuando estamos sufriendo o cuando estamos desalentados? ¿De qué me sirve saber esto en mi vida práctica?».

El espacio nos faltaría para enumerar las aplicaciones prácticas que se derivan de esta realidad esperanzadora y consoladora del pacto de Dios con su pueblo. Sin embargo, quisiera mencionar al menos tres aplicaciones prácticas en la vida del creyente y su relación con Dios:

La teología del pacto revela que Dios es un ser personal que se relaciona con sus criaturas. Dios te conoce y quiere que desarrolles una relación personal con Él. Aunque los ateos se burlan de la idea de un Dios infinito y creador de un universo de billones de galaxias con el propósito de relacionarse con cada uno de nosotros, ¡eso es exactamente lo que la Escritura dice! Dios quiere que nos gocemos en su amor y hermosura. Es por eso que todo el amor que tú y yo hemos estado buscando para saciar nuestro corazón, se encuentra únicamente en el amor de Dios en Cristo por nosotros. Dios hizo un pacto para relacionarse con pecadores como tú y como yo, por medio de Jesucristo.
La teología del pacto muestra a Dios como «Padre de misericordias y Dios de toda consolación» (2 Co 1:3). Nos muestra por la Escritura que el Padre y el Hijo hicieron un pacto de redención en la eternidad, donde ambos acordaron escoger a un pueblo redimido de una raza caída para llamarlos hijos de Dios. Este pactum salutis o «pacto de salvación» explica cómo las tres personas de la Trinidad acordaron este plan de redención desde antes de la creación. El decreto del Padre muestra el mismo corazón de amor, misericordia y consolación que el del Hijo que consumó esa salvación.[2]
La teología del pacto garantiza al creyente su salvación. El pacto de salvación decretado por el Padre, consumado por el Hijo y aplicado por el Espíritu Santo me define como hijo de Dios. ¿Por qué? Porque Él prometió con juramento que Él será nuestro Dios y nosotros seremos su pueblo. Nadie puede separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús (Ro 8:38-39). Cuando recuerdo que ese pacto fue decretado en la eternidad, antes de la fundación del mundo, y que mi nombre está escrito en el libro de la vida porque Dios lo quiso por su propia iniciativa, esto me da esperanza. Me da consuelo y descanso en Él en momentos cuando podría dudar de la fortaleza de mi fe.
Parafraseando a Lutero, «cuando me miro a mí mismo no sé cómo puedo salvarme; cuando miro a Cristo no sé cómo puedo perderme». En su pacto eterno de salvación, Dios prometió bajo juramento que daría al Hijo para que seamos su pueblo y Él sea nuestro Dios (Sal 110; Fil 2:9-11). Por eso Jesús dijo: «Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera» (Jn 6:37). El Padre hizo un pacto donde prometió darle estas ovejas al Hijo, y por eso el Hijo me dice: «de ningún modo te echaré fuera».

Verdad #1: La teología del pacto tiene implicaciones para la vida diaria del creyente.

Mito #2: «La teología del pacto no lee la Biblia literalmente».

Este mito está relacionado con la hermenéutica, esto es, la ciencia de la interpretación bíblica. Las objeciones relacionadas en este punto a la teología del pacto tienen que ver con diferentes preguntas, como por ejemplo: ¿Al mirar el Nuevo Testamento, debemos leer la palabra Israel de manera literal o es lo mismo que la iglesia en un sentido no literal? Las promesas que fueron dadas a Israel y que no parecen haberse cumplido (como el templo descrito en Ezequiel), ¿serán cumplidas en un reino futuro de mil años literales, o ya fueron cumplidas y/o terminarán de cumplirse en el Mesías? ¿Cuánta continuidad tiene la ley del antiguo pacto en el nuevo pacto? ¿Qué relación tendría el pacto de Moisés, cuya señal era la circuncisión y la celebración de la Pascua, con el nuevo pacto, cuya señal es el bautismo y la Santa Cena?

¿Qué tienen que ver todas estas preguntas con la teología del pacto y una hermenéutica literalista? Básicamente, la hermenéutica de la tradición reformada interpreta la Biblia de manera literal hasta donde el género literario lo permita, porque todos estamos de acuerdo en que, por ejemplo, un género literario de poesía no puede ser interpretado de manera «literal». Un género poético que usa figuras del lenguaje como el símil, la metáfora, la parábola o la alegoría, no puede ser interpretado «literalmente», sino que debe tomarse el sentido que la poesía quiere expresar y no el detalle de la figura poética.

En cualquier caso, al comparar a dos intérpretes fieles de la Escritura, es muy probable que veamos en ambos el mismo método hermenéutico. Ambos realizan un análisis del contexto histórico cultural; ambos realizan un análisis léxico y sintáctico; ambos tomarán en cuenta el género literario y ambos reconocerán que no todos los géneros literarios pueden ser interpretados de manera literal. La gran diferencia no consiste en una interpretación «literal», sino en el esquema teológico que cada uno de los intérpretes haya adoptado. Ambos pudieran estar interpretando la Escritura con las mismas reglas hermenéuticas, pero desde un lente teológico distinto.

En otras palabras, es un mito decir que la teología del pacto no lee la Biblia literalmente, porque la leen tan literal como los que no han adoptado la teología del pacto. La diferencia no radica en una hermenéutica literal, sino más bien en un esquema teológico distinto. La manera en que los teólogos del pacto explican los tratos de Dios con su pueblo es a través de un pacto de salvación que apunta a Jesucristo y se termina de revelar en Él. Cristo dijo que toda la Escritura habla de Él, quien es el cumplimiento de ese nuevo pacto prometido en la ley, los profetas y los escritos del Antiguo Testamento (Lc 24:27, 44).

La teología del pacto no pretende ignorar el significado del texto en su contexto para luego alegorizarlo. Lo que recomendamos a los lectores de la Biblia es preguntarse en cada texto: ¿cómo se revela la gracia de Dios en cualquier lugar de la Escritura, lo cual culmina en Jesucristo? Jesús no dijo que cada versículo de la Escritura menciona su nombre. Lo que estaba explicando es que toda la Escritura apunta al Mesías y debemos entender quién es Jesús y qué es lo que Él debía consumar con base en lo que fue revelado antes.

En conclusión, es un mito decir que los teólogos del pacto no interpretan la Biblia literalmente, porque ellos sí lo hacen. La diferencia está en el esquema teológico, que observa una continuidad en el tema central de la Escritura, la historia del pacto de redención en Jesucristo.

Verdad #2: La teología del pacto busca interpretar la Biblia de manera fiel al texto.

Mito #3: «La teología del pacto desecha y reemplaza a Israel por completo».

Existe un sistema teológico popular en hispanoamérica, conocido como dispensacionalismo, que hace una distinción marcada entre el pueblo de Dios en el Israel del Antiguo Testamento y el pueblo de Dios en la Iglesia del Nuevo Testamento. El debate entre los dispensacionalistas y los teólogos del pacto tiene que ver con cuánta continuidad o discontinuidad existe entre el pueblo de Dios del antiguo pacto y el pueblo de Dios del nuevo pacto.

Los dispensacionalistas enfatizan la distinción y por lo general piensan que los teólogos del pacto «reemplazan» totalmente a Israel por la iglesia; a esto le llaman «la teología del reemplazo». Ante esa objeción común, el doctor Scott Clark explica los argumentos con los que los teólogos del pacto responden, los cuales resumo a continuación.

Primero, la teología del pacto carece de terminología de «reemplazo», ya que ese es un término usado por muchos dispensacionalistas para resaltar su posición de «no-reemplazo» o «permanencia». Por lo general, los dispensacionalistas entienden que Israel es el centro de su escatología como si hubiera sido creada como una nación políticamente permanente, diseñada por Dios con un arreglo civil con término indefinido. Los teólogos del pacto piensan que afirmar que Israel es una nación perenne contradice la promesa de redención, que se basa en un Salvador y no en una nación (Gn 3:15).

La nacionalidad del pueblo de donde vino el Salvador era solo un medio, pero no era el fin en sí mismo. El apóstol Pablo enseña que, en Jesucristo, la pared de separación entre judíos y gentiles quedó derribada (Ef 2:11-22). La raza humana queda totalmente unida por la sola gracia, por medio de la fe sola en Cristo solo, de manera que al estar en Cristo ya no hay judío ni gentil (Ro 10:12; Gá 3:28; Col 3:11).

Segundo, la teología del pacto no compara a Israel y la iglesia como si fueran dos entes en contradicción o competencia. La iglesia siempre ha sido el Israel de Dios y el Israel de Dios siempre ha sido la iglesia. Pero también distinguimos que existe un antiguo pacto y un nuevo pacto (2 Co 3; Heb 7-10). En ese sentido, se reconoce que la iglesia de Dios fue administrada temporalmente a través de un pueblo o nación, pero antes de que Israel existiera como nación, la iglesia ha existido desde Adán, Noé, Abraham y los patriarcas; luego entonces continuó existiendo bajo Moisés y David, y ahora sigue existiendo bajo la cabeza que es Jesucristo.

Tercero, la iglesia siempre ha sido una, pero administrada bajo diferentes administraciones ilustradas con tipos y sombras que apuntaban a Jesús, y ahora bajo la realidad en Cristo, quien sigue siendo desde el principio el objeto de nuestra fe (He 11; Lc 24; 2 Co 3).

Cuarto, a pesar de la abrogación del pacto nacional por la obediencia, muerte y resurrección de Cristo (Col 2:14), la iglesia del Nuevo Testamento no ha «reemplazado» a los judíos. Pablo habla de los cristianos gentiles siendo «injertados» en el árbol de la gracia de Dios como adición, pero no como reemplazo (Ro 11). El propósito de Dios para la nación de Israel continúa firme basado en su elección, en la salvación actual de un remanente y en aquel misterio anunciado por los profetas diciendo que habrá una conversión masiva de judíos que creerán en Jesucristo (v. 26).

En conclusión, el pacto de la salvación fue decretado en la eternidad y administrado en diferentes administraciones, antes, durante y después de la existencia de la nación de Israel. Todo con el propósito eterno de Dios de unir todas las cosas en Jesucristo (cp. Ef 1:10). Por lo tanto, los escogidos que han sido llamados «el pueblo de Dios» son convocados como una iglesia o congregación de santos que siempre ha sido el Israel de Dios, así como el Israel de Dios siempre ha sido la iglesia. Esta es «la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en los cielos (…) los espíritus de los justos hechos ya perfectos… [en] Jesús, el mediador del nuevo pacto» (Heb 12:23-24).

De esta forma, la teología del pacto tiene implicaciones siempre que leemos cualquier capítulo de la Biblia. ¿Por qué? Porque nos invita a considerar la continuidad y unidad en ella, en la gran historia de la redención, para conocer mejor el amor de Dios que se revela en nuestra redención y llena de esperanza nuestras vidas.

Verdad #3: La teología del pacto hace énfasis en la continuidad entre Israel y la iglesia.

Tomado de la publicación de «Coalición por el Evangelio»

[1] J.I. Packer, An Introduction to Covenant Theology. (CreateSpace Independent Publishing Platform, Fig Classic Series, 2012), Kindle edition, Loc.23.
[2] Ver The Works of John Flavel, 6 vols. (Edinburgh: Banner of Truth, 1968), 1:61.

*Arturo Pérez es miembro del board de directores de Knox Theological Seminary donde obtuvo su grado de Maestría en Estudios Bíblicos y Teológicos. Es autor de Síntesis del Nuevo Testamento (Xulon, 2012) y Síntesis del Antiguo Testamento (Xulon, 2014). Como vocación profesional, Arturo es Ingeniero Industrial enfocado en la Industria de Tecnología y ha estado trabajando en Microsoft Corp por los últimos 20 años. Vive en el sur de la Florida junto a su esposa Jeannie y su hija Priscilla, sirviendo en la iglesia de su comunidad. Puedes encontrarlo en LinkedIn o en Twitter.

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