Home CONTENIDOS “LOS SANOS NO TIENEN NECESIDAD DE MÉDICO…” (Jesús)

“LOS SANOS NO TIENEN NECESIDAD DE MÉDICO…” (Jesús)

by rularrondo

Los cristianos verdaderos debemos recordar este pasaje. Es una invitación a poner en segundo plano los rituales y “arremangarse” a salvar almas. A la luz de la actualidad, pareciera que atamos el caballo detrás del carro. Así, avanzar en el objetivo principal de la cristiandad, se va convirtiendo en una deuda.

“…Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento…(Mateo 9:11 al 13)”

Esta porción bíblica funge como la alarma del reloj que nos despierta. Es un llamado a salir de todo aquello que hacemos por costumbre, casi de manera automática. Y digo automática porque comenzamos a convertirnos en autómatas, cuando nuestras acciones no responden a nuestra conciencia, sino a un patrón de costumbre. Reuniones de la iglesia a una hora y día determinado. Para ello apartamos el horario, pasamos por la ducha casi a la misma hora, preparamos los chicos de la misma manera, nos tensionamos porque el tiempo nunca alcanza y tal vez hasta llegamos tarde a la iglesia. Oramos y paralelamente nuestra mente repasa lo que tenemos que hacer al salir de allí. Cantamos y –a veces (ojalá que no sea siempre)- nos detenemos más en la entonación del o la corista que en buscar que cada palabra de cada alabanza, sea sentida desde nuestro corazón para alabar a Dios, para darle gracias por la salvación y por su presencia continua en nuestras vidas.

Oramos y recordamos la gente que está sin trabajo, los que tienen dificultad para alimentar a sus hijos, y clamamos a Dios para que les de una respuesta. Mientras tanto, en alguna de las hojas e nuestras biblias, un grito silencioso intenta llegar hasta nuestra alma, llevándonos hasta el pasaje de los cinco panes y dos peces para decirnos: “Dénles ustedes de comer”.

Es ahí donde cobra actualidad y se vuelve un azote la palabra de Jesús, repasando al profeta Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificio”. Al principio de ese capítulo 6 de Oseas, el profeta de otros tiempos, también repasa un momento que se repite incansablemente en la humanidad. El hombre o mujer alejados de Dios, que en algún momento recuerdan que con Dios siempre es mejor. “Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. (Oseas 6:1)” Pero a simple vista ese pasaje no es para quienes van a la iglesia, sino para “los descarriados” que ya no concurren a los cultos. ¿Será así? ¿No será para ambos? ¿No será principalmente para los que ofrecen sacrificio y quedan debiendo la misericordia?

Pero más allá de todo, la cuestión de fondo es lo que Jesús pretende que seamos quienes decidimos seguirlo. Repasemos el fragmento de Mateos 9: “¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos…” ¿Qué hace Jesús comiendo con pecadores? ¿El problema es que como o que se reúna con pecadores antes que con los que mantienen una conducta armónica con lo que hoy serían los hermanos de la iglesia? ¿Qué diríamos si vemos a un cristiano sentado en un bar con alcohólicos crónicos compartiendo la comida y la bebida? Es muy posible que si esta imaginaria escena ocurriera, no tuviera la aprobación de la mayoría de la cristiandad. Es más, si fuera un colaborador de aquellos que periódicamente predican desde el púlpito, es muy posible que se le sancione por algún tiempo por haber incurrido en una conducta no digna de un cristiano predicador.

¿Cuál debe ser la conducta de un cristiano probo? Tomando en cuenta la historia de Mateos 9, da la idea de que el lugar indicado es la mesa imaginaria del bar. ¿No es allí donde están los heridos del alma? ¿No está acuñada la idea de que se bebe para olvidar las penas? Y si hay penas ¿No se trata de heridos del alma? Pues entonces, imitar a Jesús es precisamente ese el lugar ideal para estar. Pero es difícil hacerlo, cuando sabemos que la “cosecha” será la reprobación de nuestro “grupo social”.

En mi opinión, la iglesia se ha alejado de la tarea principal. Las almas nuevas que llegan a la iglesia, llegan solas, algunas invitadas por algún hermano, otras por enfermedad o necesidades. ¿Cuántas otras quedarán en el camino como el herido al que auxilió el buen samaritano? No se si todos, pero buena parte de los concurrentes a las iglesias, pasan por el camino donde está el herido, y apenas lo miran. Ya vendrá algún samaritano que lo levante, lo aloje y deje pagado el alojamiento.

Así, la mención que hace Jesús del libro de Oseas, es como la sirena de la ambulancia pidiendo paso. “Misericordia quiero y no sacrificio”. No está mal participar de las cadenas de oración, pero para que ese esfuerzo tenga sentido, debe estar acompañado del compromiso que nos obligue a algo más que orar.

No hace falta ningún estudio sociológico para resolver el problema de las iglesias que por tiempo están llenas pero luego vuelven a estar con muy baja concurrencia. ¿Dónde quedó aquello de que si una oveja se pierde, dejas las 99 y vuelves por la extraviada. Pero tapamos ese dedo que apunta a la frente de cada creyente con la excusa de que “son conocedores. Si se produjera la segunda venida del señor, se van a perder la oportunidad”. Tal vez sea al revés. Tal vez los “acusados” de “descarriados” sean simples heridos abandonados. Y es muy posible que -en el hipotético caso del regreso del señor-venga esgrimiendo en sus labios: “Misericordia quiero…”.-

RUBÉN LARRONDO

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