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TODO LO MARAVILLOSO QUE “GUARDA” EL SALMO 91

by rularrondo

La biblia guarda dentro de sí el poder de Dios. Es la llave que abre el maravilloso tesoro de la creación. Es la contraseña que nos entrega la herencia que Dios dejó a sus hijos. Aquí, vamos a recorrer versículo por versículo, incluyendo el original en hebreo con la correspondiente traducción que nos revelará TODO el poder de Dios que siempre estuvo a nuestra disposición, y sin embargo, rogamos para que se nos entregue migajas como si fuera un enorme favor. Dios quiere que tengamos TODO lo que es de él. Jesús, en Mateos 6:33 dice: “…Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas….”

El Salmo 91 contiene –en el original hebreo- diferentes nombres Secretos, y diferentes misterios. Esos nombre desconocidos por nosotros, esos distintos misterios, son nada menos que el gran escudo que puede protegernos de todo mal. Con estas palabras claves podremos salir de toda situación difícil, pero habiendo crecido espiritualmente.

Antes que nada, vale aclarar que las traducciones, son expresiones que el traductor debe antes interpretar para luego escribirlas en el lenguaje al que será traducido. Si así no fuera, sería muy sencillo y pasando palabras por palabra con un diccionario de cada idioma, para traducir un texto. Cada frase no tiene una única traducción, sino la interpretación del traductor, que para ello utilizará tal o cual palabra, mientras otro traductor, puede usar palabras distintas que mantengan el sentido del texto original. Así, por ejemplo, hoy uno encuentra biblias con distinto tipo de traducción (unas más modernas que otras) pero que mantienen el sentido del contenido.

Es por esta razón que me tomé el trabajo de buscar un rabino que pudiera decir el Salmo 91 en hebreo y luego su interpretación en castellano. Ese rabino es Daniel R. Chapán.

La traducción que conocemos –la mayoría la tendrá de las distintas versiones de Reina/ Valera- dice así: El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
3 El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.

11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.

Ahora vamos a avanzar versículo por versículo, primero en hebreo y luego en castellano para ir descubriendo esas palabras que Dios guardó en este Salmo y que son inmensas cuotas de poder al servicio del creyente.
“Yoshev beseter Eliyon Betzel Shadai itlonan..:” El rabino Chapá tradice así: “Tu que estás sentado oculto con el altísimo, reposarás en la sombra del Shadai…” La versión que conocemos nosotros dice: «El que habita al abrigo del Altísimo/ Morará bajo la sombra del Omnipotente…”
En esta primera parte del Salmo 91, se evidencia que no es Dios el que habla sino –tal vez- un ángel que habla a quien lee o escucha el Salmo, y nos dice lo que le han ordenado que nos diga. Pero un poco más adelante es Dios mismo hablándonos de manera directa. En esta primera parte, la palabra clave en este versículo es: SHADAI.
De acuerdo a la traducción del rabino, empieza diciendo “tú que estás sentado en el lado oculto del altísimo.” Interpretación que no desvirtúa la versión que conocemos nosotros. Pero aquí el rabino cuenta lo que el judaísmo entiende por cuerpo físico y alma. Según el rabino, al cuerpo físico humano, en hebreo lo llaman “Na’al” que se traduce como zapato. Pues los sabios judíos sostienen que el alma tiene un extremo en la tierra y el otro extremo bajo el trono de Dios. Así, la “punta” del alma que está en la tierra, está “calzada” en su “zapato”, es decir, nuestro cuerpo físico. Esto sirve para entender mejor esta parte del Salmo 91. Estamos sentados al lado de él (Dios), pero a su sombra (sombra en el sentido de protección). Luego agrega: “reposarás a la sombra del Shadai” Y aquí aflora la importancia de esa palabra. El pueblo hebreo entiende que esa palabra –SHADAI- es el nombre de Dios que infunde terror a lo malos espíritus, y estos huyen cuando se nombra al Shadai. En la traducción que conocemos dice: Morará la bajo la sombra del omnipotente, que es lo mismo, pero el solo hecho de pronunciar la palabra SHADAI hace que los malos espíritus desaparezcan.

El versículo que sigue dice: “…Omar l’adonai, Majsí umetsudatí, Elohai evtaj bo…”. Dije en nombre del Adonai, mi refugio y mi fortaleza, mi Dios en quien confiaré…” las versiones que circulan entre nosotros se leen: “…Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré…” Una vez más, ratifica que no estamos ausentes de su presencia, y el interlocutor que por ahora nos habla, da reconocimiento de la protección de Dios en quien podemos confiar plenamente.

Un versículo más adelante menciona: “…Ki hu yatsilejá mi paj yakush, midéber havot…”. «…Porque Él te salvará de la red que te atrapa, y de la peste destructora…». Las versiones de nuestras biblias coinciden pero lo expresan así: «…Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora…». Como verán, no hay diferencias conceptuales, pero la interpretación del rabino nos ayuda a comprender mejor el sentido y, y –en consecuencia- poder aprovechar el poder que surge al entender bien la cuota de poder que encierra esta frase.
“Él te librará de la red” “Él te librará de la peste destructora”. Son dos tipos de ataques distintos. Al decirlas, hay que cargarle la intención. El primer ataque refiere al ataque de persona humana, ya que es el sistema que los humanos utilizamos para cazar. Es decir que tenemos personas que tienden redes espirituales para atraparnos, y Dios nos libra de ellos. En cambio el segundo, es un proceso que depende de fenómenos naturales que no responden a lo humano, como son las pestes, las enfermedades. Y también allí, quien nos habla en nombre de Dios, nos asegura que Él nos librará.

El versículo inmediato posterior suma: “…Beebrató yásej la, vetájat kenatav tejsé, tsiná vesojerá amitó…” Con sus alas te cubrirá, y debajo de las plumas de sus alas te protegerá. Escudo y armadura es su verdad. Las biblias cristianas por su parte dicen: Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. Nuevamente vemos que el sentido conceptual se mantiene intacto. El significado es ciertamente interesante, aunque el distraído puede considerarlo redundante. Por una parte nos dice “con sus alas te cubrirá”. Si alguna vez vimos a un ave proteger a sus polluelos, habremos notado que los abraza con sus alas. Dios usa esta metáfora significando que nos protege de todo aquello que está alrededor, a nuestra misma altura, abrazándonos con sus alas, pero protegiéndonos de todo aquello que venga desde arriba, cubriéndonos con sus plumas. Y ahí me viene a la memoria aquello de los “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes…” (Efesios 6:12)

Pero avancemos un versículo más: “…La Tirá mipájad Laila mejéts, yaúf yoman…” …No temerás del miedo nocturno, ni la flecha que vuele de día…”. Reina Valera traduce: “…No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día,…”. ¿Si puede temer al miedo o –lo que es lo mismo- al terror nocturno? El Salmo insta aquí a vencer al miedo. El miedo nace de la duda de que nuestra seguridad puede ser vulnerada. El miedo nace de la duda y la duda es lo contrario a la fe. Entonces, la invitación a no temer al terror nocturno, es en realidad, la forma de blanquear que debemos desterrar el miedo a partir de la seguridad de que Dios nos protege. Por otra parte, cuando dice “terror nocturno” también revela una idea oculta: La oscuridad es la forma de hablar de nuestros momentos sin la luz de Dios. Inconscientemente solemos decir “tuve un día negro” cuando las cosas no salen bien. La oscuridad aparece cuando perdemos contacto con Dios. En el mismo versículo también habla de flecha o saeta que vuele de día. Una flecha es una amenaza de algo que viene imprevistamente a dañarnos, pero que –si hay reflejos- pudiéramos con gran dificultad, esquivar. Es decir que el salmo propone que aún cuando haya cosas cuya amenaza pudiéramos resolver aunque con dificultad, tampoco debe ser motivo para andar a la defensiva o cuidándonos de ataques imprevistos, pues Dios, también tiene control de ello.

Un versículo más adelante manifesta: “…Mideber baófel yahaloj, miketeb yashud tsahoráyin…” “No temerás la peste que camina en la oscuridad ni del aire destructor en la tarde”. Nuestras biblias lo exponen así: “…Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya…”. Entonces, Dios, a través del salmista nos da la seguridad de que aquellas pestes que aprovechan las bajas defensas de las personas para atacarlas y destruirlas, no son un problema para el creyente. Luego apunta “no temerás el aire destructor de la tarde”. Tenemos días que son día y días que son noche. Los días “oscuros” si vistos como exilio. Hay días de exilio y días de redención, días de luz y días de oscuridad. Pero siempre Dios está protegiéndonos.

“…Yipol mitsidejá élef urbaba mimineja, eleja lo yigash. Rak Beeineja tabit, veshilumat reshaím tire…”. Caerán a tu lado mil y a tu diestra diez mil, pero a ti no te alcanzarán. Solo con tus ojos observa, y verás la paga de los malvados”. En las versiones bíblicas a las que estamos acostumbrados se puede leer: “Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos.”. Una vez más, Dios refuerza la idea de seguridad, que –aunque veamos lo que acontece a nuestro alrededor- tengamos la plena seguridad que saldremos ilesos. Y remata afirmando que aquellos que intentan hacernos daños, nos tendrán como espectadores de las desgracias que caerán sobre ellos, como paga por sus acciones.

…Ji ata Adonai majsí, Eliyon santa meoneja…”. Porque tú, Adonai, eres mi protector, en los Altísimo has puesto tu morada….”. Reina Valera publica así: “…Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación,…”. La enseñanza escondida aquí es por demás importante. Nos revela que no hay una dualidad donde somos uno en la tierra y nuestro espíritu por separado “bajo la sombra del omnipotente. Es en este pasaje donde cobra mayor sentido la deducción del rabino mencionada al principio, donde dice que el alma tiene un extrema a los pies de Dios y el otro extremo “en el zapato” que es el cuerpo humano. Aquí, afirma que tu conciencia es puesta en lo alto. Es conciencia de UNIDAD no de DUALIDAD. Conciencia dual es morar aquí abajo pero no allí arriba. Dios sostiene que existe una conexión con él, y eso es lo que nos da seguridad en cualquier ámbito, sea cual sea la amenaza o ataque que se esté preparando en contra nuestra.

“…Lo teuné eleja Raá, venega lo yikrab beaholéja Ki malajav yetsavé laj lishmorjá bejol derajeja…” “No te ocurrirá ningún mal y ningún daño se acercará a tu tienda (tu hogar) porque a sus ángeles les ordenará que te guarden en todos tus caminos…”. En mi biblia leo: “…No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada…”. La traducción de “mal” y “daño” o “plaga” en este caso, según la tradición judía se refiere a dos ángeles malignos; uno masculino y uno femenino. El primero es Raá y la segunda es “Nega”. Estos ángeles suelen se traducidos como Satán, con el fin de no nombrarlos. Satán significa “obstáculo”, pero se refiere a estos dos ángeles malignos. Todos los ángeles –buenos y manos- se identifican pues su nombre siempre termina con las letras hebreas Alef (א) y Lamed (ל), cuya traducción es “él” que significa “de Dios”. En estos versículos está encerrado el poder espiritual para vencer.

“…Al kapáyim yisaúnja, pen tigof baeben ragléja…”. “…Los ángeles van a llevarte en sus palmas para que tu pie no tropiece con ninguna piedra…”. Aquí observamos toda la logística que Dios pone nuestra disposición. Ante la posibilidad de tropiezo, están los ángeles que nos elevan y saltamos el problema sin que ni siquiera nos roce.

“…Al Shájal, vafeten tidroj, tirmós kéfir vetanín…”. “…Sobre el león y la víbora pisarás, caminarás sobre el cachorro del león y la serpiente…”. Las versiones que acostumbramos leer dicen: “…Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón…”. A diferencia del versículo anterior, aquí queda en claro que tenemos que enfrentar un problema o una amenaza seria. Que en consecuencia vamos a sufrir mientras transitemos es tramo de nuestra vida. Son amenazas serías, pero Dios que quiere que vivamos esta experiencia, donde no solo venceremos, sino que además, evitaremos que nuestro prójimo tenga que enfrentarse a esa amenaza que nosotros venceremos. “sobre el león y la víbora pisarás, caminarás sobre el cachorro de león y la serpiente”. Es una metáfora que significa que hay un problema amenazante. Dios no nos elevará para que no nos toque, sino que nos dejará ahí y nos dará poder para pararnos encima del problema. Cuando uno se eleva del problema, queda libre uno pero sigue siendo una amenaza para otros. En cambio parándonos sobre él, lo venceremos y dejará de ser un problema para nosotros y para nuestro prójimo.

“…Ki bi jashak vaafaletehu, asaguebehu ki yadá shemí…”. “…Por cuanto me deseó le libraré. Lo elevaré porque conoció mi nombre…”. Reina Valera traduce: “…Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre…”. Aquí elijo la traducción del rabino, pues ayuda a entender más claramente el propósito del versículo. El deseo es esa carga de energía que intenta atraer a nosotros lo que deseamos. A veces lo logramos, a veces no. Pero cuando “deseamos a Dios”, es decir, cuando surge en nuestro interior esa decisión que libera la energía para acercarnos a Dios, él actúa en consecuencia. Ahí expresa que Dios nos va a liberar del problema. Pero luego agrega “lo elevaré porque conoció mi nombre”. La situación es que la persona va a enfrentar un problema. Va a sufrirlo pero allí encontrará a Dios. Allí le conocerá concretamente y saldrá de esa situación mucho mejor de lo que entró. Es decir, Dios lo ha elevado luego de superar la prueba.

“…Yikraéni vee’enehu imó ajojí vetsará, ajalet séhu vaajabedéhu…”. “…Me llamará y le contestaré, con él estoy en su sufrimiento, le redimiré y le daré honra…” Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré…”. Ya a esta altura habla de una conexión plena del creyente y Dios. Dios nos oye, pues su propósito de que tengamos la confianza de llamarle, se cumple y el espera esa confianza depositada en él. Y nos vuelve a decir que frente a la posibilidad de sufrimiento, en ese tramo en que necesitamos pararnos con sufrimiento sobre el problema, él está con nosotros y la victoria es de él y no de nuestra fuerza, fortaleza o astucia. No solo nos deja libres de la amenaza sino que Dios nos asegura que él nos dará honra.

“…Orej Yamim asbiéhu vaareéhu biyshuatí.”. “…Le saciaré con largura de días y le mostraré mi Salvación.”. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.”. Dios mismo, dejando de lado al emisario que envió para hablarnos, nos dice directamente él a nosotros, sin intermediario, que no nos dejará con esa sensación de que siempre nos falta algo: Asegura que nos saciará, pero agrega “larga vida”. Todos sabemos que el tiempo es relativo. Un minuto de espera parece un siglo, sin embargo una hora de una situación placentera es tan breve como un minuto. Así, cuando dice que nos saciará con larga vida, implica que –en armonía con Dios- nuestra vida nos parecerá eterna, por la tranquilidad y confianza con que transcurrirán todas nuestras experiencias, aún las más dolorosas. ¿Se entiende? Por ejemplo, vacunarse es algo que evitaríamos si no fuera porque vacunarse significa protegerse de una amenaza. El incómodo pinchazo se enfrenta con tranquilidad, pues el bien posterior es mayor que la desagradable sensación de la aguja penetrando nuestra piel.-

RUBÉN LARRONDO

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