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LA FELICIDAD PLENA SE LOGRA CON FORTALEZA ESPIRITUAL

by rularrondo

Así como la buena alimentación da como fruto un cuerpo con muy buena salud, la buena alimentación espiritual da frutos de una plena salud espiritual, que no es otra cosa que un estado de felicidad constante y permanente.

Muchos ponen en tela de juicio la trinidad de Dios, cuando decimos Padre, Hijo y Espíritu Santo. Suele interpretarse como idolatría pues se interpreta como adorar a 3 dioses. Sin embargo, nosotros –que fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios- también somos una trinidad: Cuerpo, Alma y espíritu.

¿A qué viene esto? Pues a tomar dimensión y conciencia de todo nuestro ser. El cuerpo, ya sabemos qué es y que necesita. El alma, es donde anidan nuestros sentimientos y emociones. Y el espíritu es el soplo de Dios que nos da vida. Pero además, cuando decidimos hacer un pacto con Dios para que él tome gobierno de nuestras vidas (es decir, cuando nos hacemos verdaderamente cristianos y no solo “admiradores” de Jesús), está en nosotros el espíritu Santo. Al menos así lo promete Jesús (Evangelio según San Juan 14 “15Si me amáis, guardad mis mandamientos;
16y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; 17el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis; porque mora con vosotros, y estará en vosotros…”

Luego, en la carta del apóstol Pablo a los efesios se confirma y se recomienda no entristecer al Espíritu santo, hecho que confirma que el espíritu habita en aquellos que han dado el paso de convertirse en creyentes. (Efesios 4)“…30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención…”

Decía antes, que es necesario tomar conciencia de esta “trinidad” nuestra. ¿Por qué? Pues por una cuestión de “salud” general. Todos sabemos que si comemos de más o de menos, o no consumimos alimentación saludable, nuestro cuerpo se enferma. A veces nos damos cuenta de que estamos enfermos y otras no, hasta que es demasiado tarde. Habrán oído hablar –por ejemplo- de la diabetes. Es alto el porcentaje que ignora ser diabética hasta que sufre algún trastorno y cae en la cuenta de que esa enfermedad silenciosa, se transformó en crónica, y solo se puede controlar con dieta estricta y medicación. Es decir, la alimentación del cuerpo es MUY importante para la salud del cuerpo si me permiten la redundancia.

Pero, ¿alguna vez se nos ocurrió pensar en que también nuestro espíritu necesita alimentación? Fruto de la alimentación ideal del cuerpo, es la salud plena ¿Y cuál es el o los frutos de alimentar el espíritu?. La biblia los enumera, dando a entender que cuando están todos esos frutos presentes, estamos también un saludable estado espiritual.

(Gálatas 5) “…22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley…”. Es importante remarcar lo que aquí se expresa: “…contra tales cosas no hay ley…”. LA ley es una eterna discusión en la vida cristiana. Los 10 mandamientos parecen inalcanzables. Sin embargo este fragmento bíblico afirma que la ley “desaparece” (“no hay ley”) cuando están presentes TODOS los frutos del espíritu.

AMOR: La primera epístola de Juan es una carta del Nuevo Testamento de la Biblia destinada a las comunidades cristianas de Asia Menor, en su capítulo 4 expresa: “… 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor…” esta es la mejor definición. Pues si nos preguntamos a nosotros mismos o a terceros que es el amor, la respuesta automática nos remite al noviazgo, o a una pareja en armonía o nos llevará a pensar en la relación entre una madre a sus hijos o viceversa. Sin embargo, si pensamos que Dios es amor, no hay equívoco. No hay lugar a creer que es la pasión entre 2 personas, sino, nos da la idea de algo mucho más amplio. Y nos viene a la mente aquello de que “de tal manera amo Dios al mundo, que dio a su hijo unigénito, para todo aquel que en él crea, no se pierda y tenga vida eterna”.

No hay lugar a mezquindad humana donde hay amor. Esa definición de 1° de Juan 4:8 nos insta a repensar todo el tiempo nuestras relaciones humanas. No puede haber enojo duradero entre personas, si hay amor. No puede haber rencor, si hay amor. No puede haber envidia, si hay amor. No puede haber fraude, si hay amor. No puede haber engaño, si hay amor. No puede existir la mezquindad de tener abundancia y ser indiferente ante la necesidad si verdaderamente hay amor. Porque donde hay amor, está Dios, pues Dios es amor. Y lo dice claramente esa porción bíblica: “El que no ama, no ha conocido a Dos”.

GOZO: El gozo es una inmensa alegría. Es cuando todos los sentidos confluyen en esa “vibración” tan fuerte que no puede menos que esbozar una sonrisa, tener la necesidad de levantar los brazos al cielo, tener ganas de saltar aunque el cuerpo no nos responda. Es la intensidad de los sentidos. Pero no puede haber gozo pleno sin plenitud espiritual. Pues ese gozo inmenso solo puede producirlo es el Espíritu Santo morando en nuestro corazón. Sin el Espíritu Santo podemos sentir gozo, pero será pasajero. Se da por alguna circunstancia en especial y luego desaparece. Al recibir un regalo, al reencontrarse con un ser querido, al alcanzar una meta, pero inmediatamente después, se esfuma. El gozo permanente, solo puede experimentarse cuna vida centrada en Dios, donde el Espíritu Santo sea el que dirija nuestra vida. Por eso es importante repasar el versículo ya mencionado que dice: “No contristéis el Espíritu Santo” ¿Cómo podríamos entristecer al espíritu Santo? Pues cuando dejamos de lado el amor de Dios, y volvemos al amor según la carne, que es benévolo con los seres queridos e indiferente con el prójimo con el que no tenemos relación cercana.

PAZ: La paz no es solo ausencia de guerra, tal como se interpreta en estos tiempos. Suele aceptarse que se termina una guerra y se diga “se hizo la paz”. Dos personas dejan de pelear, y se firma “hicieron las paces (plural de paz)”. La paz es equilibrio total. Es ausencia de cualquier “energía” negativa (enojo, rencor, desazón, sentimiento de venganza, etc.). La paz no depende de las circunstancias. La paz verdadera se expermienta aún en medio de las adversidades, pasando por enfermedades, o situaciones difíciles. La PAZ verdadera es CONFIANZA EN DIOS. Cuando TODA nuestra confianza está puesta en Dios, recién ahí alcanzamos a comprender que cualquier adversidad es permitida por el creador con algún fin determinado. Abraham puso en el altar a su hijo y estaba a punto de sacrificarlo cuando Dios lo detuvo ¿Llevó a cabo esa acción llorando, lamentándose por la irreparable pérdida que estaba a punto de producirse? No. Antes obedeció a Dios, con la plena confianza de que Dios haría lo mejor para él. Y así fue. Dios no permitió el sacrificio y como premio a su confianza, lo convirtió en el patriarca de quien salieron tantas generaciones que conformaron el pueblo elegido de Dio.
Así entonces, podemos deducir que la PAZ es un reposo total, una tranquilidad absoluta aún en medio de la adversidad.

PACIENCIA: Está muy emparentada por la paz, y como todos los otros frutos del espíritu, dependen de nuestra relación con Dios. La palabra PACIENCIA proviene del latín “pati”, que significa sufrir. De hecho el participio “patiens” se introdujo al castellano como paciente (en los hospitales) o «el que sufre».
LA filosofía entiende que se logra con entrenamiento, lso cristianos sabemos –a la luz de la biblia- que es la consecuencia de nuestra relación con Dios. Aristóteles en sus Éticas alude a esta virtud como «el equilibrio entre emociones extremas o punto medio: metriopatía. Con ella se consigue sobreponerse a las emociones fuertes generadas por las desgracias o aflicciones. Para ello es necesario un entrenamiento práctico ante el asedio de los dolores y tristezas de la vida, una poliorcética, que fue desarrollada por filosofías posteriores, en particular el Estoicismo.” Para los cristianos, la definición podría ser parecida. Es que la PACIENCIA es verdaderamente un “equilibrio entre emociones extremas” como decía Aristóteles. Nuestra definición cristiana también –al igual que el filósofo griego- entiende que con la PACIENCIA uno logra “sobreponerse a las emociones fuertes generadas por desgracias o aflicciones”. Pero a diferencia del polímata y científico nacido en la ciudad de Estagira, la PACIENCIA es el fruto del espíritu. Es decir, solo puede obtenerse, al igual que los demás frutos, con una perfecta relación con Diios.

BENIGNIDAD: El diccionario de la Real Academia Española define a esta palabra como “Afable, benévolo, piadoso.” No necesita más explicaciones. Nos lleva nuevamente a nuestra relación con Dios, pues para ser “piadosos” hay que tener “piedad”, que no es otra cosa que una forma de amar al prójimo. El mismo diccionario dice de la piedad. “Virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y compasión.”

BONDAD: La bondad es la natural inclinación a hacer el bien. Pero a diferencia de los actos comunes de bondad que conoce el mundo, la bondad del cristiano no obedece a “oleadas” de inspiración que nos llevan a hacer el bien. La bondad verdadera, desde la mirada espiritual y sobre todo como fruto del espíritu, está presente de forma natural en el cristianos que ha alcanzado esta madurez espiritual. Ante cualquier situación del prójimo, sea de las personas que nos “caen bien” o de aquellos que no demuestran ningún tipo de simpatía por nosotros, la natural acción frente una necesidad de otra persona, será es natural inclinación a hacer el bien.

FE: esta es una palabra muy utilizada no solo en el ámbito religioso, pero si observamos con cuidado, notaremos que siempre está presente en su signficado, la raíz que le da sentido espiritual en la vida del cristiano. Cuando un escribano certifca algo, dice que “da fe”. Cuando un documento formalmente garantiza legalmente algo, se dice que “ da fe”. Así, ambas acepciones, remiten a “Seguridad, aseveración de que algo es cierto, certifica la verdad de algo.
Moisés tenía fe en Dios y, guiado por Él, pudo superar el sinfín de obstáculos y limitaciones de Faraón y comandar con éxito el éxodo de los israelitas desde Egipto. Abraham tenía fe en Dios, estaba dispuesto a ofrecerle en sacrificio a su único hijo, Isaac, y finalmente Dios lo bendijo permitiendo que su descendencia se multiplicara y formara grandes naciones. Job tenía fe en Dios y supo mantenerse firme dando testimonio de Él en el transcurso de dos pruebas; Dios lo bendijo más aún, se le apareció y le habló desde una tempestad. En Mateo, la mujer cananita tenía fe en el Señor Jesús y creía que Él podía expulsar el espíritu maligno de su hija; se lo pidió y Él sanó la enfermedad de su hija. ¿Qué denominador común se mantiene en cada una de estas historias” es que la FE da certeza –al igual que el escribano o el documento- de que DIOS es REAL. Cada uno creyó en DIOS, y este le respondió dando certeza de que él estaba allí para darles la respuesta que necesaria.
En la biblia (Hebreos 11:6) se lee que “si fe es imposible agradar a DIOS”. Eso implica abandonar todos nuestros miedos y confiar en él. Cuando viajamos en un tren o un ómnibus, no estamos al lado del conductor, viendo en que momento vamos a chocar. Estamos confiados de que es un profesional del volante y con total tranquilidad escuchamos música, vemos una película, conversamos o dormimos. Esa misma confianza es la que debemos tener en Dios. Transitar por la vida sabiendo que el la conduce y no nos puede llevar a nada que no sea el puerto al que debemos llegar. Es necesario incorporar a nuestro subconciente que Dios tiene dominio de todo. Nuestro subconciente está cargado con información que nos hace actuar de tal o cual manera. Andamos en bicicleta porque hemos incorporado a nuestro subconciente la idea de equilibrio, y no caemos. No sabíamos caminar. Aprendimos cayéndonos un par de veces, hasta que afirmamos nuestros pasos. Tomemos un muñeco e intemos pararlo. Notaremos que la verticalidad no es tan fácil de lograr. ¿Cómo hacemos nosotros para no caernos entonces’ Pues, ya está cargado en nuestro subconciente el equilibrio que nos permite caminar, correr, saltar e incluso –muchas personas- hacer acrobacias y mantener el equilibrio. Todo está cargado en el subconciente. Así, es menester cargar en el subconciente nuestra confianza en Dios, para que la fue pueda “mover montañas”.

El salmo 91 es una gran herramienta para fortalecer nuestra fe. Por último, la biblia, en Hebreos 11 define qué cosa es la fe: “1Es, pues, la fe, la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de lo que no se ve. 2Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. 3Por fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía.”

MANSEDUMBRE: Otra vez concurrimos al Diccionario de la real Academia española que define a la mansedumbre como “condición de manso”. Y luego entiende que “manso” es alguien “de condición benigna y suave”. Una vez más, el amor de Dios aparece en la definición, dando clara muestra de que cada fruto solo se vuelve real cuando Dios está presente.

TEMPLANZA: El término templanza es una cualidad humana que consiste en actuar o hablar de forma cautelosa y justa, con sobriedad, con moderación o continencia para evitar daños, dificultades e inconvenientes. Proviene del latín templararia.
La templanza es una virtud que permite a las personas controlar las pasiones, vicios e impulsos frente a las seducciones de los deseos, placeres o instintos. La templanza requiere buen juicio, prudencia, discernimiento, precaución y sabiduría.-

RUBÉN LARRONDO

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