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LA IMPRESCINDIBLE ALABANZA

by rularrondo

No se puede estar en armonía con Dios, sin alabanza. No se puede tener la seguridad de creer en Dios, si no se alaba al creador. La alabanza es imprescindible en la vida de la persona cristiana, porque es lo que da testimonio de su fe.

Una de las definiciones de la palabra alabanza es “Reconocimiento de los méritos o cualidades de una persona o de una cosa mediante expresiones o discursos favorables.”. En consecuencia, la alabanza debe brotar de forma natural. La alabanza es la consecuencia de la presencia de Dios en nosotros.

Pero no se debe confundir alabar, con estar siempre exultante, rebozante de alegría o con el rostro lleno de risa. Habrá días en que alabaremos con lágrimas, días en que de todo modos la alabanza fluirá a pesar del dolor, aunque también habrá momentos en que se tendrá la tentación de gritar a viva voz nuestra alabanza a Dios.

Hace ya muchos años atrás, aproximadamente 3 décadas, el señor nos dio la responsabilidad a mi esposa y a mí, de liderar una congregación. Pasamos de ser el hermanito y la hermanita del banco, a pastorear un grupo de personas a las que habíamos contagiado la fe en Jesús.

Hacíamos culto en la humilde casa de un querido hermano, cuya esposa había sufrido una accidente años antes, y tenía un solo pulmón activo. Esa tarde llegamos mi esposa, yo y nuestros hijos a hacer el culto de esa jornada. Pero nos encontramos con la dueña de casa en cama, sintiéndose morir. Si, se sentía morir. A punto tal que le encargaba a mi esposa que cuidara de sus 3 pequeños hijos. Su esposo, muy preocupados, salió a buscar alguien que pudiera llevarla hasta algún hospital. La desesperada mujer no podía respirar. Aparentemente había contraído una infección pulmonar, agravada por el problema que ya tenía a partir de su accidente. Fue ahí que coincidimos con mi esposa en que la alabanza tiene poder y recurrimos a esa herramienta. Uno de mis hijos, el mayor de los varones, que no tendría más de 9 o 10 años, tomó la guitarra y me acompañó a cantar un himno. Grande fue nuestra sorpresa que cuando promediaba el tradicional himno, la mujer en la cama comenzó a dar gracias a Dios porque sus pulmones se limpiaron milagrosamente y comenzó a respirar aliviada. Dios nos había enseñado a nosotros, que los himnos y coritos, no son simples canciones. Son instrumentos de poder cuando se alaba de corazón y meditando en cada palabra que se pronuncia. En tanto que a la paciente le reforzó su fé dándole certeza de que Dios no nos abandona.

El pasaje de Hechos 16:22-34 describe con total fidelidad, el PODER de la ALABANZA. Y remarca cómo, en medio de la aflicción y el dolor, la alabanza fluye igual y TRANSFORMA. “…22 Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. 23 Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. 24 El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. 25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. 26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. 27 Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. 28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. 29 El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; 30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? 31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. 32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33 Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. 34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.”

Así como el comienzo de nuestro “andar en Dios” se da con la confesión de fé, donde le declaramos a Dios que decidimos andar su senda, le pedimos que anote nuestro nombre en el libro de la vida. Así como le confesamos realmente quiénes somos, para que tome gobierno de nuestras vidas y nos permita “nacer de nuevo”, así, ya en nuestra nueva vida cristiana, es necesario que no se aparte la alabanza de nuestra boca y de nuestro corazón.

Cuando recibimos una bendición, alabamos, pues sabemos que viene del ser supremo. Pero del mismo modo, cuando llegan los momentos difíciles, y nuestras fuerzas decaen, es cuando tenemos que recurrir a recordar que Dios es fiel. 1 Tesalonicenses 5:18 nos recomienda: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”

Nada escapa a la mirada de Dios. El nos eligió desde el vientre de nuestra madre, y nada está oculto a él, ni siquiera nuestro pensamiento más secreto. Entonces, ¿Por qué dudar que si estamos pasando un mal momento, eso no ha sido permitido por Dios por algún motivo que aún desconocemos? Pablo, en su carta a los romanos escribe: “28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados…”

Cuando alabamos en medio de la tribulación, estamos confesando que confiamos en Dios y que la lágrima de hoy será la sonrisa del mañana.

Pablo y Silas habían sido puestos en la cárcel por cumplir con el ministerio del Señor. Dice la Palabra de Dios que fueron golpeados, torturados y encarcelados en una prisión de máxima seguridad, atados de manos y pies con cadenas y grilletes como criminales peligrosos, sin ninguna posibilidad de poderse mover ni mucho menos escapar.

Pero lo impresionante de esta historia era la libertad de espíritu que poseían estos siervos de Dios, que no importando el dolor de su cuerpo y todos los maltratos que recibieron, tenían un canto para Dios en medio de la oscuridad.

Es tal vez, la mejor lección de lo que Dios nos enseña en su Palabra para poder superar una situación terrible, simplemente alabándole a él.

A veces confundimos la alabanza solo con canciones. Esa es una de las formas de alabar, pero no la única. Pero sea a través de una canción, de una oración o de la manera que sea, la alabanza a Dios es aquella gratitud que sale de lo más profundo del corazón por lo que Dios ha hecho en la vida de cada uno.

Alabar y adorar a Dios en todo tiempo es una buena forma de testificarle a los demás quien es Dios y que es lo que hace Dios en nuestra vida.

Pablo y Silas estaban convencidos de eso. Aparte de que ellos querían agradar a Dios, ellos deseaban que los demás conocieran a ese Dios que transforma las vidas.

Cuando alabamos a Dios traspasamos la frontera de lo naturales para internarnos en el mundo espiritual, porque es la forma de comunicarnos libremente con Dios. Es entonces que sucede lo sobrenatural, las vidas son liberadas y transformadas. Eso sucedió en aquella noche oscura, cuando Pablo y Silas comenzaron a alabar a Dios, su canto traspaso el mundo físico y sucedió un hecho sobrenatural; vino un terremoto que sacudió los cimientos de aquella prisión y rompió las cadenas de Pablo y Silas y de los demás presos. Es necesario mantenernos firmes en la confianza en Dios, pues cuando soportamos la tempestad alabando, es cuando se producen los milagros.-

RUBÉN LARRONDO

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