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¿ CELO POR LAS ESCRITURAS, ESTUDIOSOS DE LA BIBLIA O SIMPLES DISCRIMINADORES?

by rularrondo

Si un vicio tiene el cristianismo “light” es la discriminación. Capaces de hacer doctrina con un solo versículo o convertirse en expertos de teología, por recordar de memoria algún que otro capítulo bíblico.

Algun@s evángélic@s miran “por sobre el hombro” a los católicos catalogándolos de “idólatras” por aquello de la virgen y los santos. Como contrapartida, algún@s católic@s catalogan de ignorantes a quienes claman a viva voz y llorando sin pudor, a quienes acuden a un templo evangélicos. Cómo si algún “ángel caído” les hubiera borrado de sus biblias el pasaje del nuevo testamento de Marcos 9:38 al 42 inclusive: “…Y Juan le respondió, diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, el cual no nos sigue; Y SE LO PROHIBIMOS, porque no nos sigue. 39Pero Jesús dijo: NO SE LO PROHIBÁIS; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí. 40Porque EL QUE NO ES CONTRA NOSOTROS, POR NOSOTROS ES. 41Y CUALQUIERA que os dé un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que NO PERDERÁ SU RECOMPENSA.
42Y CUALQUIERA QUE HAGA TROPEZAR a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase al mar…”

Ciertamente, no adorar ídolos, es un mandamiento. Las tablas que Dios le entregó a Moisés lo dicen literalmente. Pero también es literal el mandamiento realizado por Jesús.

Es una encrucijada que aparenta una gran dificultad para resolverla. ¿Obedecer a la ley u obedecer a aquel que entregó su vida por nuestras salvación?

Es verdad también que Jesús dijo: (Mateo 5)“…17No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo sea cumplido…” ¿Y entonces?

La cuestión no es tan compleja. Nuestro Señor y Salvador Jesús habla de sí, pero también nos enseña la escritura que el vino para salvar a lo que se había perdido. Y es que lo que se había perdido era todo aquello que no formaba parte del pueblo elegido, es decir, nosotros, los que no somos judíos. Así, somos salvados gratuitamente solo por creer que Jesús es El Señor. “ (Ro 10)… 5Porque Moisés describe la justicia que es por la ley: El hombre que hiciere aquellas cosas, vivirá por ellas. 6Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo.) 7O, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para volver a subir a Cristo de los muertos.) 8Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe la cual predicamos: 9Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10Porque con el corazón se cree para justicia, mas con la boca se hace confesión para salvación. 11Porque la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado. 12Porque no hay diferencia entre judío y griego; porque el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan. 13Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo…”

Ahí está el secreto. Por ello Jesús le recomendó a sus discípulos no impedir que otros prediquen y sanen enfermos aunque no tengan la misma formación que ellos. Por eso mismo les dice que si contribuyen a que uno de ellos que cree en él se pierda, están frente a un gran problema. Porque Jesús quiera nuestra salvación y nos manda a predicar eso, no la ley.

Por otra parte, Dios le entregó las tablas de la ley a Moisés para aplicarlas en un pueblo (su pueblo elegido) que no tenía que perderse. ¿Qué objetivo perseguía la ley? Que ese pueblo observara cada cosa de la ley para que no se contamine con las otras naciones que –en general- eran politeístas (creían en varios dioses). Así fue que para guardarlos de no caer en el error de creer en otros dioses, expresamente les manda en la ley la prohibición de tener otros dioses.

También el antiguo testamente relata un hecho de idolatría pero muy distinto al que hizo que Dios sacara a Abrahan de su tierra y de su parentela. En tierra de Abraham y de su parentela, había POLITEISMO, es decir creencia en muchos dioses. Y no es celo de Dios por temor a esos otros dioses. Es que esos pueblos veían una manifestación natural, y adjudicaban un dios a ese evento. Así existía el dios de la lluvia, el dios del fuego etc. Donde había una energía que producía un fenómeno, allí instituían un dios. Sin embargo el creador de los cielos y la tierra solo quería que aferraran su fe a quien movía todas esas cosas. Dios solo querían que aprovecharan todo su poder, no que se fueran detrás de ilusiones.

A diferencia de ello, cuando el pueblo de Dios hizo el becerro de oro, no estaba creyendo que ese objeto fuer un dios. Intentaron tener un objeto visible que los “conectara” con el Dios invisible. Es decir, buscaron un intermediario.

Por extensión, también en las congregaciones cristianas, tanto evangélicas como católicas, caemos en el error del becerro de oro. Unos toman como intermediarios entre el creyente y Dios, al sacerdote, los otros su pastor y sus colaboradores. Dios no quiere intermediarios, pues –al igual que cuando mandó las leyes para el pueblo judío- quiere cada uno de los creyentes, aprovechemos TODO el poder de Dios en un contacto directo. ¿Cuál es ese contacto? La oración, la alabanza. No hay más.

Por ello, es menester que aprovechemos la biblia íntegramente para aplicarla a nuestras propias vidas. Que si creemos que es mejor cumplir con alguna parte de la ley, lo hagamos en nuestras propias vidas. Eso no está mal. Está mal pretender que los demás hagan lo que nosotros. Está mal juzgar que tal forma de alabar a Dios es equivocada, porque no somos jueces y el propio Jesús nos recomienda no juzgar “(Lucas 6)… 37No juzguéis, y no seréis juzgados: No condenéis, y no seréis condenados: Perdonad, y seréis perdonados…”

Dios mira nuestros corazones. Solo quiere que creamos en nuestro Señor y Salvador Jesús. TODOS en alguna parte de nuestra vida, estamos equivocados. Dejemos que en el momento en que nos toque estar frente al trono blanco, sea el creador el que nos juzgue. Mientras tanto, ayudemos a que los que creen, aún cuando su forma de adorar sea muy distinta a la nuestra, lo sigan haciendo, e incluso más: Ayudemos a que fortalezcan su fe a su forma. Hay que sumar, no restar.-

RUBÉN LARRONDO

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