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IDOLATRÍA II

by rularrondo

Moises, la ley y el becerro de oro


Abraham y su descendencia concretaron un pacto con Hashem. Lo reconocieron como único Dios y aceptaron que debían actuar tal cual él les mandara.
Nótese que escribí “Hashem” ¿Qué signfica esta palabra? HaShem (en hebreo: השם) es un término hebreo que significa literalmente «El Nombre». … En muchos textos judíos en español no se encuentra la palabra «Dios» completa, sino que sustituyen la i o la o por una diagonal («D\os» o «Di\s» o “D-os”) de modo que el lector ni siquiera piense en la palabra «Dios» en vano.

Para quienes no somos judíos esto nos suena extraño, pero no está demás reflexionar sobre ese celo de cuidarse incluso de escribir la palabra o el nombre del creador vanamente. Recordemos que uno de los mandamientos recomienda no utilizar el nombre del ser supremo en vano.

Retomando la idea: Abraham y sus hijos pactaron con el creador. Pero fue Moisés a quien se le encargó llevar a su pueblo al Monte Sinaí y –posteriormente- exponerles la ley. Moisés tuvo el privilegio de recibir las tablas de la ley y escribir la Torá escuchando el dictado del mismísimo creador de los cielos y la tierra.

El becerro de oro ¿Es un acto de idolatría igual al que rechazó Abraham enfrentando a sus padres?
Según se ha transmitido de generación en generación en el pueblo judío, el pueblo elegido por Dios había alcanzado un alto nivel espiritual, y por ello Dios permitió que Moisés llevara el pueblo al pie de ese monte. Indudablemente Moisés tenía un nivel espiritual superior, y por ello pudo ascender al Sinaí. Pero esa fuerza espiritual estaba sustentada en la de todo el pueblo al que conducía.

Ese pueblo había ganado ese mérito por salir de Egipto, cruzar el Mar Rojo y aceptar la Torá como su ley. Pero no todo salió como debía, ya que al bajar Moisés vio como ese logró se desvanecía, mientras levantaban un becerro de oro.

¿Qué tenía de grave esa acción? ¿Era similar a la rechazada por Abraham?
No hay dudas que cayeron en el pecado de idolatría. Pero esa acción fue muy distinta a aquella por la que Dios hizo que Dios le ordenara a Abraham su mudanza de lugar y de entorno social.

Pero la tradición judía interpreta que esa idolatría –la del becerro de oro- fue distinta a la que Teraj (padre de Abraham) hacía. Es que el ambiente en el que se encontraba el primer patriarca, el pueblo elegido ahora no adoptaba el politeísmo, sino que se forjó una imagen que fungiera como intermediaria para llegar al Dios en el que seguían creyendo. Su pecado fue dejar de tener un acceso directo al creador, para conformarse con un elemento inerte, otorgándole a ese becerro la idea de que viéndolo, tendrían presente al creador.

En síntesis, el becerro de oro, ahora sí como enseñanza para los tiempos actuales, nos llama a la reflexión de que la relación con Dios no se puede adpatar a lo que nos parezca más cómodo. La relación con Dios es directa con él, sin intermediario. Cualquier intermediario que se busque para relacionarse con Dios, es pecado, tal cual lo fue para el pueblo elegido que forjó el becerro de oro.

Desde el judaísmo, dice rab Hirsch: “el judaísmo es una religión hecha por D-os para definir al hombre, mientras que otras creencias fueron hechas por el hombre para definir a D-os.”

Esta frase también es útil para la reflexión de los cristianos. Esa es nuestra raíz, conservar y observar esas mismas tradiciones puede ser el camino hacia una mayor iluminación espiritual. El becerro de oro simboliza acomodar la ley a gusto nuestro, afirmando hacerlo en el nombre de Dios.

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