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EXPERIENCIA MÍSTICA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

by rularrondo

(Fragmento del libro de Edith González Bernal).- La mística cristiano-católica es una experiencia que tiene sus raíces en la Biblia y se refiere a la vida de varones y mujeres que narraron la manera como Dios se hizo presente en su existencia cotidiana y los llevó a reconocerlo con varios nombres.
Así como en la Biblia encontramos personas que narran la experiencia de encuentro con Dios, en la historia de la Iglesia también encontramos experiencias místicas muy variadas de unión con Dios y con Cristo. Son experiencias que revelan a un Dios que habla con el ser humano según concepciones teológicas y filosóficas en épocas y contextos determinados, que están directamente relacionadas con las biografías de personajes bíblicos, y que se constituyen en la fuente de la cual bebemos los que compartimos la fe en el señor Jesús.
La reflexión que presentamos aquí consiste en un acercamiento a la experiencia mística que revela la Biblia, tanto el primer Testamento como el Nuevo, por medio de sus protagonistas. Cabe aclarar que lo que aquí se presenta no es una exégesis a los textos bíblicos, sino una modesta aproximación sobre la experiencia de personas consagradas a Dios, varones y mujeres que han tenido un encuentro personal con él.
Se trata de interpretar, con su vida, la Palabra que revela el misterio, lo que los movió a creer y a sentirse portadores de un mensaje.
Ante todo, quisiéramos señalar que entendemos por experiencia mística cristiana la apertura al misterio que revela la Sagrada Escritura como la unión de lo divino con lo humano. Esta acción significa conocimiento del amor de Dios, que se da mediante una donación espontánea en el interior del ser humano: porque “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Rm 5,5). Tal experiencia se expresa en un sentir pleno, de paz y libertad, fruto de una relación amorosa con el misterio.
Es una expresión que lleva al abandono total a Dios, sin más preguntas, porque es reconocimiento de la trascendencia absoluta de Dios y de la entrega libre y amorosa a él; reconocimiento de lo que es inseparable con el misterio presente en lo más profundo del ser humano y experiencia unitiva con Dios.
En este sentido, la experiencia mística que encontramos en los dos testamentos es una experiencia de relación y de amistad de Dios con el ser humano. Así lo podemos constatar en Abrahán, Moisés, los profetas y salmistas, las mujeres, Jesús y Pablo.
A continuación presentamos una aproximación de orden interpretativo sobre lo que consideramos es una experiencia que puede denominarse mística en algunos personajes de la Sagrada Escritura. Enseguida proponemos la actualización de ese lenguaje religioso, con el ánimo de hacer más inteligible y significativo para hoy el lenguaje ya constituido de la revelación en un camino inacabado, hacia una verdad más plena.
Hacemos un acercamiento, en primer lugar, al Antiguo Testamento, y en segundo lugar, al Nuevo Testamento, para finalizar con unas conclusiones parciales.
La experiencia mística en el Antiguo Testamento
En la Sagrada Escritura encontramos un gran relato de la experiencia mística del encuentro de un pueblo con un Dios que rescata, libera y salva. Esta es una experiencia de Dios en la historia de un pueblo que interpreta sus propios recuerdos, tradiciones e historias como un encuentro en el que Dios toma la iniciativa e irrumpe en sus vidas, haciéndoles un llamado al compromiso y estableciendo un pacto con él.
Muestra de ello son las vidas de Abrahám, Moisés, los profetas y salmistas en el Antiguo Testamento, pues dan a conocer un encuentro con Dios que cambió el curso de sus vidas, experiencia caracterizada por ser una fuerza irresistible que los sedujo y los llevó a emprender un camino y a proclamar la Palabra como anuncio, denuncia, bondad, dulzura y anhelos de encuentro con Dios. Como señala G. Von Rad, más que en el discurso dialéctico, el antiguo Israel revela su experiencia mística en el lenguaje poético y narrativo: “Israel tiene más pericia en la alabanza y la glorificación de Dios que en la reflexión teológica.” Todo el Antiguo Testamento revela un aspecto profundamente humano; algunos autores así lo señalan; Dios es amigo, conoce la condición humana, se apoya en personas que toman un liderazgo y deciden cambiar la vida en un nuevo paradigma de existencia. No se trata solo de referir eventos religiosos, sino de implicar al lector en un relato en el que una experiencia mística transforma el destino de una persona y de un pueblo.
Todos los personajes del antiguo Israel dieron a conocer su experiencia de Dios por medio de su mensaje y de sus acciones. En muchas ocasiones se vieron llenos de dudas, certezas y generosidades que revelan la condición humana en la que Dios acontece.
Abrahán es el prototipo del ser humano en un encuentro personal con Dios, quien le habla y le exige un cambio radical en su vida; le promete bendiciones en el orden de descendencia y de posesión de tierras por su obediencia (Gn 12,1-3). Abrahán obedece, lo que significa una acción confiada en la Palabra de quien le habla y le ordena.3 Esta es una experiencia basada en un diálogo permanente con Dios y un desarraigo de la vida. Dios le hace un llamado personal que trasciende a la vida comunitaria de Abrahán, es decir, afecta su núcleo familiar en tanto que su experiencia es de un camino de obediencia y de escucha atenta a la voluntad de su Dios.
Esta es una experiencia en la que hay que al dejarlo todo, para obtener un favorecimiento mayor, pues todo va a ser recibido de Dios, él va a engendrar vida y por él serán bendecidos todos los linajes de la tierra. Abrahán será reconocido, su nombre será engrandecido, y él se convertirá en el padre de la fe, no solo por su desarraigo y vaciamiento, sino porque compromete su libertad en un ámbito personal y comunitario.
Su misticismo tiene una connotación visionaria; cuando Abrahán se siente sin descendencia habla con Dios y le expone su preocupación. Entonces Dios le dice “Mira al cielo y cuenta las estrellas, si puedes. Después le dijo: Así será tu descendencia” (Gn 15,5). Abrahán cree y de pronto cayó sobre él un sopor y le invadió un gran sobresalto:
Puesto ya el sol, surgió en medio de densas tinieblas un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre aquellos animales partidos. Aquél día hizo Yahveh una alianza con Abrán en estos términos. Voy a dar a tu descendencia esta tierra, desde el río de Egipto hasta el Río Grande, el río Éufrates. (Gn 15,17-18).
Esta es la experiencia del pacto, en el que Dios garantiza que a través de Abrahán bendice a la humanidad y rompe la cadena de dispersión iniciada en la torre de Babel.
Así, la humanidad es bendecida por medio de Abrahán, y se forja la esperanza en la figura de él, pues su bendición es universal. En otras palabras, “el patriarca adquiere el rango de paradigma para cuantos se les hace difícil creer en circunstancias adversas”. En el libro del Génesis aparece una secuencia de alianzas entre Dios y la humanidad. Son alianzas que el ser humano experimenta en las visiones y comprometen la libertad personal y comunitaria (Gn 12,1). Son experiencias unitivas que revelan lo que Dios quiere respecto de su voluntad. Abrahán comprende el querer de Dios 3 Neher, La esencia del profetismo, 161. Neher dice: “La realización de la revelación hecha a Abraham depende de la fe de Abraham, y luego de la maduración de la obra llevada a cabo por Dios. Pero la realización de la revelación hecha a Moisés depende conjuntamente de la fe de Moisés y de la del pueblo.” en el gesto del pacto y se pone en camino. Esto revela que toda experiencia de Dios necesariamente invita a una acción confiada en “aquel” que le habla y le exige un cambio de vida.
Jacob, nieto de Abrahán, continúa la experiencia de su abuelo (Gn 28,10-19).
De hecho, igual que él, en su continuo trasegar por la tierra prometida, de repente descubre en un sueño que la vocación de sus antepasados constituye una auténtica escalera que enlaza sus utopías más humanas con sus esperanzas más divinas, una escalera que une la tierra de sus sueños con los cielos inaccesibles. Allí erige una estela conmemorativa sobre el mismo suelo que le sirvió de lecho y allí renueva la promesa con la que sus antepasados sellaron un pacto de fe con Dios. El relato se mueve, entonces, entre la promesa y su cumplimiento, la memoria de la alianza y su renovación en nuevos términos.

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